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Educación: ¿perdimos la autorregulación organísmica?

 

Assumpta Mateu Domènech

 

Por todos nosotros gestaltistas es bien conocido este concepto de autorregulación organísmica. Fue introducido por Kurt Goldstein cuando en la primera guerra mundial trabajando con lesionados cerebrales descubrió que partes del cerebro dañado podían ser sustituidas por otros grupos neuronales que se encargaban de recuperar en parte o totalmente las funciones que se habían perdido: es decir, el cerebro se podía regenerar a sí mismo en condiciones óptimas ambientales.

 

defaultPerls toma el término y lo aplica a las funciones psicológicas: en lo psicológico cada situación difícil de solucionar compromete la energía que fluye naturalmente por el organismo. Esa energía se ve interferida por aspectos emocionales y racionales que no han sido resueltos y el propio organismo se encarga de volver a traer a la conciencia los aspectos no resueltos para poder darles un cierre y/o elaborarlos emocional, corporal, cognitiva y espiritualmente. Sería como alinear las funciones de los tres cerebros por mencionar términos y conceptos usados por Claudio Naranjo y otros autores para ilustrar cómo la desconexión de estos tres cerebros o centros vitales junto con el alineamiento materialista de la falta de amorosidad y de espiritualidad hacen que nos convirtamos en autómatas. En este caso hablaríamos de funcionarios al servicio de una institución, un sistema, o un organismo llamada Educación. Claudio menciona que Fritz Perls aludía al “Tao” al referirse a la Autorregulación Organísmica, definiéndose como “un curso de acción apropiada dictada más bien por una profunda intuición que por la razón.

En definitiva, la autorregulación organísmica es la capacidad que tiene el organismo de obrar sobre sí mismo para intentar auto-sanarse o mejor dicho recuperar su equilibrio homeostático. Es el proceso a través del cual los seres vivos se adaptan a su ambiente y satisfacen sus necesidades –fisiológicas, afectivas, intelectuales, espirituales, etc.-. Las necesidades que tenga un organismo van a depender de la interacción entre las condiciones del ambiente y la estructura del organismo.

 

elephant-8056_960_720Así que empleo este término aplicado al campo de la educación, y me pregunto si se ha perdido en él la capacidad de esta autorregulación en el sentido que ha habido muchos esfuerzos desde hace más de un siglo para conseguir satisfacer necesidades básicas del sistema educativo y para salir de la inercia que nos arrastra una y otra vez al modelo todavía basado en la época de la Ilustración. ¿Qué hace que a pesar de los esfuerzos de cambio, de propuestas innovadoras en los curriculum escolares, en la estructura educativa, en la institución, en los maestros/as, todavía se sienta que no parece que hemos cambiado gran cosa en la forma de educar? ¿Se trata realmente de cambiar desde un intento de forzar? ¿Qué hace que el sistema educativo no sea suficientemente capaz de autorregular su equilibrio homeostático que le permita innovar, renovar su estructura y sus elementos dinámicos, por tanto su forma de educar en un medio cambiante exponencialmente? ¿Qué hace que todavía se mantengan las prácticas de memorización? ¿Qué hace que a pesar de los avances neuropsicológicos sobre el aprendizaje todavía apliquemos fórmulas basadas en modelos caducos?

 

Claudio-Naranjo1“El sistema educativo es anacrónico” dice Ken Robinson, construido con modelos basados en la acumulación de información de conocimientos, que no permiten a los niños y niñas aprender sus potenciales y competencias existenciales para la vida. “La educación es un crimen, una estafa, que se basa en la equivocación de que enseñar es educar. Acompañar un proceso de aprendizaje es muy diferente del de meter cosas en la cabeza de los niños” en palabras del Dr. Claudio Naranjo. Él mismo denuncia la falta de cultivo de la propia capacidad amorosa, el cerebro racional se hace responsable de funciones que no le corresponden y, en fin, la función control deviene en represión. De este modo se desarrolla lo que Claudio llama la Mente Patriarcal. Estos autores apuntan a la necesidad de encontrarnos con nuestro verdadero potencial con la ayuda de un proceso educativo más humano, más amoroso.

 

En los años 40, 50, 60 se enseñaba a acumular conocimientos y el fin era tener un acceso al mundo industrial y productivo, un puesto de trabajo. Uno de los problemas es que seguimos instaurando las estructuras educativas desde este modelo obsoleto. El medio que nos rodea tampoco es ya lo que era ni tan siquiera hace 15 años. En este tiempo el mundo transformado que ha aportado internet hace que los niños y niñas aprendan rápidamente por otros medios y entre ellos y ellas mismos. Se nos plantea un reto aún más complejo ante un ambiente social y humano que representa una acumulación de datos e informaciones exponencialmente inalcanzable, que hace que la forma de comunicarnos e interactuar sea totalmente nueva y sorprendente, y por lo tanto resulta todavía más obsoleto si cabe un modelo donde la supuesta ventaja era acumular y memorizar conocimientos.

 

En los años 80 y 90 se producen cambios “Ya tenemos conocimiento del propósito y de cómo se produce el aprendizaje y aún así han pasado 25 años y nuestro sistema educativo está exactamente igual” Nos dice Eduard Vallory, y según este mismo autor parece que la dificultad para el cambio de nuestro sistema educativo es multicausal, con lo que si solo se aborda una de las causas no se produce el cambio. El enfoque sistémico se hace imprescindible, el que incluye estructuras, instituciones, formación de maestros, curriculum, aplicación del conocimiento actual sobre el aprendizaje humano, una educación más humana, revisión de los modelos de evaluación, entorno social, y un largo etc. Este autor también tiene claro que la escuela avanzada que queremos tener no puede ser definida por oposición a la escuela que no queremos tener.

 

imagen-sin-tituloCésar Bona, en su libro la Nueva educación nos habla de la falta de escucha a los alumnos, de la falta de motivación y de cómo motivarlos significa implicarlos. Efectivamente convertir a los niños y niñas en agentes de cambio sociales se nos presenta como un reto que a mí se me antoja germen de esta autorregulación organísmica del sistema u organismo educativo.

 

La educación nos afecta a todos” nos indica José Antonio Marina. Sin duda, la escuela es para todos, es un proyecto social. La educación afecta al conjunto de la sociedad y es determinante para la convivencia y para su progreso. Estamos ante una labor comunitaria, donde los individualismos entorpecen el autocuidado del grupo, de la comunidad.

 

Vallory nos advierte: “Tenemos que salir de las teorías conspiradoras y entender que la inercia que hace que el cambio social se ha acelerado y que el cambio en la escuela sea muy lento es precisamente la vanalidad de la inercia”. Creo esa es la inercia que interrumpe esa capacidad de autorregulación organísmica. O como no muestra Claudio Naranjo: “A pesar de que han y van apareciendo en la sociedad personas con un alto nivel de conciencia que pueden ayudar a revertir esta situación –o inercia- el efecto sobre la sociedad es limitado o escaso, porque la mayor parte de la misma seguimos ‘contaminados’ y transferimos esta contaminación”.

 

Así creo que podríamos hablar de unas creencias y actitudes estructurales que todos llevamos, como decimos los gestaltistas, introyectadas y por tanto cuanto más conscientes más susceptibles serán de ser debilitadas.

 

Invito a los ponentes de este Symposium a reflexionar y debatir sobre cómo hemos contribuido a que esa inercia se haya instalado en la educación. Invito también a elaborar una auto-denuncia, ¿cómo contribuyo desde mi función educativa actual a perpetuar esta inercia?  Y también a ampliar la percepción de esta indagación focalizando en los distintos agentes intervinientes, los niños y niñas, los maestros/as, docentes, los padres, las familias, la comunidad y la institución educativa y la sociedad.

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